
Sostiene aun en su mano una brillante luz
Que apenas tolera mi mirada deslumbrada,
En exilio oscuridad era mi hogar, mi guarida,
Y me placía esa luz destellante guía, lejana.
Hoy el puerto esta cercano y un amanecer
ya hace inservible aquel destello de esperanza
Y confiado navego en la marea dócil, amable,
Surco en el iris cristalino de su verde mirada.
Su playa dorada me llama con su palma extendida,
Sonríe, brilla en un festón de peces plateados
Y profunda Su selva me hace una verde promesa,
Fértil, tibia, de una humedad rica y eterna.
Aquí ya hace el paraíso, el infierno, dios y la serpiente,
Que en comunión me ofrecen el fruto prohibido,
Que algunas vez me fue negado y que ahora mes indiferente,
Pues su piel he mordido, su pulpa he chupado, masticado.